Cuando pensamos en ansiedad, probablemente imaginamos a una persona preocupada, nerviosa o diciendo que tiene miedo. Pero en los niños no siempre se ve así.
A veces la ansiedad aparece como un dolor de guata antes de ir al colegio. Otras veces como irritabilidad, llanto, dificultad para dormir, necesidad constante de estar cerca de los padres o incluso como una explosión emocional frente a una situación que, desde la mirada adulta, parece pequeña.
Por eso, algunas señales pueden confundirse con “mañas”, desobediencia o problemas de conducta. Comprender qué puede existir detrás de ellas cambia nuestra forma de acompañar.
Sí. Sentir ansiedad en determinadas situaciones es una respuesta humana y esperable. El problema aparece cuando las preocupaciones o los miedos son tan frecuentes o intensos que comienzan a interferir en la vida cotidiana del niño.
Los niños pueden experimentar físicamente sus emociones. Dolores abdominales, molestias de cabeza, náuseas o sensación de malestar pueden aparecer especialmente antes de situaciones que les generan preocupación.
La ansiedad no siempre se manifiesta como miedo. Un niño preocupado puede estar más irritable, reaccionar con intensidad frente a pequeñas situaciones o mostrarse constantemente a la defensiva.
Algunos niños necesitan anticipar constantemente las situaciones para sentirse seguros. Pueden hacer la misma pregunta varias veces incluso después de recibir una respuesta.
Resistencia para quedarse en el colegio, dormir fuera de casa, participar en actividades sin sus padres o permanecer con otros adultos. La señal de atención aparece cuando el miedo es muy intenso, se mantiene en el tiempo o limita significativamente las actividades propias de su etapa.
El niño puede comenzar a evitar:
- Ir al colegio o hablar frente al curso.
- Participar en cumpleaños o actividades nuevas.
- Dormir solo o relacionarse con otros niños.
- Situaciones en las que teme equivocarse.
Cuando llega la noche y disminuyen las distracciones, algunas preocupaciones aparecen con mayor fuerza:
- Dificultad para quedarse dormido.
- Necesidad de dormir con los padres.
- Despertares frecuentes o pesadillas.
- Preguntas repetitivas antes de dormir.
Hay niños que borran una tarea muchas veces, preguntan constantemente si lo hicieron bien, se angustian ante notas bajas o evitan actividades nuevas por miedo a equivocarse.
El objetivo no es eliminar todas las situaciones que generan ansiedad. Podemos comenzar validando: “Entiendo que esto te preocupa”. Y después acompañar: “Vamos a pensar juntos qué podría ayudarte”.
- Mantener rutinas relativamente predecibles.
- Anticipar cambios importantes.
- Ayudarlo a poner nombre a lo que siente.
- Evitar ridiculizar sus miedos.
- Reconocer sus esfuerzos, no solamente los resultados.
- Acompañarlo progresivamente a enfrentar aquello que le preocupa.
- Modelar formas saludables de manejar nuestras propias emociones.
Conviene solicitar orientación cuando la ansiedad:
- Interfiere con la asistencia al colegio o limita sus relaciones.
- Genera malestar frecuente o síntomas físicos recurrentes.
- Afecta significativamente el sueño.
- Genera conflictos familiares constantes.
- Lleva varias semanas o meses sin mejorar.
- Hace que el niño evite cada vez más situaciones.
En Centro Sembrando Amor acompañamos a niños y familias que están enfrentando desafíos emocionales que interfieren en su bienestar cotidiano. La psicóloga Camila Whitaker trabaja principalmente con población infantil y cuenta con formación de postítulo en Autismo y Apego por la Pontificia Universidad Católica de Chile.
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