Cuando hablamos de autismo, gran parte de la información disponible se concentra en la infancia. Sin embargo, las personas autistas también transitan por la adolescencia, la adultez y el envejecimiento. Sus necesidades, fortalezas e intereses pueden cambiar a lo largo del tiempo, por lo que los apoyos también deben evolucionar.
Envejecer con autismo no significa necesariamente perder autonomía. Significa atravesar los cambios propios de esta etapa desde una manera particular de percibir, comprender e interactuar con el entorno.
- La salud física y mental.
- La movilidad, el equilibrio y la resistencia.
- El procesamiento sensorial.
- La memoria, la atención y la organización.
- El descanso y las rutinas de sueño.
- La participación laboral y comunitaria.
- La pérdida o envejecimiento de familiares y personas de apoyo.
- La adaptación a nuevos hogares, cuidadores o servicios de salud.
Estrategias para facilitar el vestido, la higiene, la alimentación, el manejo de medicamentos y otras actividades de la vida diaria.
Apoyos visuales, organizadores, señalización, iluminación adecuada, tecnología de asistencia o cambios en la distribución de los espacios.
Identificación de estímulos que generan bienestar o sobrecarga. Adaptación de ambientes y construcción de estrategias de regulación.
Calendarios, secuencias visuales, recordatorios y sistemas de anticipación para facilitar la comprensión de actividades y cambios cotidianos.
Búsqueda de alternativas de ocio, voluntariado, aprendizaje y actividades vinculadas con los intereses de la persona.
Orientación para anticipar cambios, distribuir responsabilidades y planificar apoyos futuros.
Este contenido tiene fines informativos y no reemplaza una evaluación profesional individualizada.
