“¿Será necesario consultar o debería esperar un poco más?”
Esta es una pregunta muy frecuente entre madres y padres. A veces existe una preocupación clara; otras veces es simplemente esa sensación de que algo está pasando, aunque todavía resulte difícil explicar exactamente qué.
Consultar con un psícologo infantil no significa necesariamente que exista un diagnóstico o un problema grave. En muchas ocasiones, una primera evaluación permite comprender mejor lo que está ocurriendo, orientar a la familia y determinar si el niño necesita apoyo o si basta con realizar algunos cambios en su entorno cotidiano.
Para un niño, identificar una emoción, comprenderla y explicarla puede ser mucho más difícil que para un adulto. Por eso, muchas veces la conducta es una forma de comunicación.
Un niño puede expresar que algo no está bien a través de cambios en su comportamiento, dificultades para dormir, mayor irritabilidad, problemas en el colegio, aislamiento o una necesidad mucho mayor de permanecer cerca de sus adultos significativos.
La preocupación aparece cuando las emociones son muy intensas, ocurren con mucha frecuencia o el niño necesita cada vez más ayuda para recuperar la calma. Puede haber gritos, llanto prolongado, explosiones emocionales o dificultad importante para tolerar situaciones cotidianas.
Cuando el miedo impide que el niño realice actividades propias de su edad, conviene prestarle atención:
- No querer separarse de sus padres.
- Negarse reiteradamente a ir al colegio.
- Preocuparse excesivamente por situaciones cotidianas.
- Necesitar constantemente confirmación de que algo malo no ocurrirá.
Un niño que habitualmente era tranquilo y comienza a mostrarse muy irritable. Uno que disfrutaba compartir y ahora prefiere permanecer aislado. Antes de corregir la conducta, es importante preguntarnos qué cambió alrededor del niño o qué puede estar ocurriendo emocionalmente.
Algunas dificultades emocionales pueden hacerse visibles primero en el contexto escolar:
- Negativa frecuente a asistir.
- Descenso significativo del rendimiento.
- Dificultades importantes con compañeros.
- Problemas para concentrarse.
- Angustia relacionada con tareas o evaluaciones.
Dificultad para quedarse dormido, despertares frecuentes, pesadillas persistentes o cambios importantes en el apetito pueden aparecer en períodos de mayor estrés emocional.
No es necesario esperar a que aparezca un problema para solicitar apoyo. Situaciones como separación de los padres, cambio de colegio, fallecimiento de alguien significativo, llegada de un hermano o mudanza pueden ser especialmente demandantes. El acompañamiento psicológico también puede ser preventivo.
“Todo termina en pelea”, “No sabemos cómo poner límites”, “Sentimos que no estamos llegando a él”.
La psicología infantil no trabaja únicamente con el niño. En muchos procesos, orientar a los adultos que lo acompañan es una parte fundamental de la intervención.
Tres preguntas que pueden ayudarte:
- ¿Desde cuándo está ocurriendo?
- ¿Con qué intensidad ocurre?
- ¿Cuánto está interfiriendo en su vida cotidiana?
Mientras mayor sea la interferencia en la vida familiar, el colegio, las relaciones, el sueño, la alimentación o el juego, más conveniente será solicitar orientación.
En Centro Sembrando Amor contamos con atención psicológica infantil orientada tanto al bienestar del niño como al acompañamiento de su familia. La psicóloga Camila Whittaker trabaja con población infantil y cuenta con formación de postítulo en Autismo y Apego en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
El acompañamiento puede incluir evaluación psicológica, psicoterapia infantil y orientación a madres, padres y cuidadores, de acuerdo con las necesidades de cada familia.
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