Cuando pensamos en el desarrollo del lenguaje de un niño, muchas veces la primera pregunta es: “¿Cuántas palabras dice?”
Es natural fijarnos en las palabras, porque son la parte del lenguaje que podemos escuchar. Sin embargo, el lenguaje es mucho más que hablar. Antes de responder una pregunta, contar algo que ocurrió, seguir una instrucción o participar en una conversación, el niño necesita realizar un proceso fundamental: comprender lo que otras personas le están comunicando.
A esta capacidad la conocemos como lenguaje receptivo.
El lenguaje receptivo es la capacidad de comprender y dar significado a las palabras y mensajes que recibimos. Cuando un niño escucha: “Guarda los juguetes y después busca tus zapatos”, necesita reconocer las palabras, comprender qué significan y entender qué acciones debe realizar.
A medida que el lenguaje se desarrolla, la comprensión también se vuelve más compleja. Los niños comienzan a comprender no solo palabras, sino también preguntas, instrucciones, conceptos como arriba/abajo o dentro/fuera, cuentos, conversaciones e ideas que no están ocurriendo frente a ellos en ese momento.
Un niño puede decir muchas palabras y expresarse con frases largas, pero todavía tener dificultades para comprender algunas preguntas, instrucciones extensas o conceptos más complejos. También puede ocurrir lo contrario: algunos niños comprenden mucho más de lo que todavía logran expresar verbalmente.
Por eso, al observar el desarrollo del lenguaje, no solamente importa preguntarnos “¿cuánto habla?”, sino también:
- ¿Comprende lo que se le pide?
- ¿Responde de acuerdo con la pregunta?
- ¿Puede seguir instrucciones?
Cuando un niño no sigue una instrucción, es fácil pensar: “Me escuchó, pero no quiso hacerlo”. Sin embargo, a veces el problema no está en la intención, sino en la comprensión. Una instrucción puede contener demasiada información, incluir palabras que el niño no conoce o requerir que recuerde varios pasos al mismo tiempo.
Podemos dividir la instrucción: “Primero guarda los juguetes”, y darle tiempo para comprender y responder antes de continuar. Simplificar el mensaje no significa hablarle menos, sino organizar la información de una manera que facilite su comprensión.
Preguntar constantemente “¿Entendiste?” no siempre nos permite saber si un niño realmente comprendió. La comprensión se observa mejor cuando vemos qué puede hacer con la información:
- Seguir una instrucción.
- Responder una pregunta.
- Elegir el objeto correcto.
- Explicar una situación.
Pequeñas acciones cotidianas pueden marcar una diferencia:
- Habla de forma clara y natural: organiza la información y evita entregar demasiadas instrucciones al mismo tiempo cuando notes que le cuesta comprender.
- Dale tiempo para responder: algunos niños necesitan unos segundos para procesar la información. Antes de repetir la pregunta, prueba hacer una pausa.
- Apóyate en el contexto: los gestos, las acciones y los apoyos visuales pueden ayudar a comprender mejor lo que está ocurriendo.
- Conversen sobre los cuentos: no se trata solo de leer. También podemos preguntar: “¿Qué pasó?”, “¿Por qué crees que hizo eso?”, “¿Qué podría pasar después?”
Si existen dudas persistentes sobre la comprensión del lenguaje, una evaluación fonoaudiológica puede ayudar a conocer las fortalezas y necesidades comunicativas del niño de manera individual.
