Dormir bien es una necesidad fundamental para el desarrollo, la salud y el desempeño cotidiano de los adolescentes. Sin embargo, durante esta etapa es frecuente que comiencen a acostarse más tarde, tengan dificultades para despertar y acumulen cansancio durante la semana.
Esto no siempre se debe a falta de responsabilidad o de motivación. En el sueño adolescente influyen cambios biológicos, el uso de pantallas, las exigencias escolares y las características de la rutina familiar.
Entre los 13 y 18 años se recomienda dormir regularmente entre 8 y 10 horas por noche. Cuando esta situación no se cumple, puede producirse una privación crónica del sueño que afecta progresivamente el bienestar y desempeño del adolescente.
Durante la adolescencia cambia el ritmo circadiano. La producción de melatonina comienza más tarde que durante la infancia. A este cambio biológico se suman:
- Uso de celulares, computadores o videojuegos durante la noche.
- Tareas escolares que se extienden hasta muy tarde.
- Entrenamientos y actividades extracurriculares.
- Consumo de café, bebidas energéticas u otros productos con cafeína.
- Preocupaciones, ansiedad o dificultad para desconectarse.
- Horarios muy diferentes entre días de colegio y fines de semana.
- La atención y la concentración.
- La memoria y el aprendizaje.
- El control de los impulsos y la regulación emocional.
- Las relaciones familiares y sociales.
- El rendimiento escolar.
Desde Terapia Ocupacional no solo se observa la hora en que el adolescente se duerme. También se analiza cómo se organiza su día, qué exigencias enfrenta, cuánto tiempo dedica a las pantallas y cuáles son las características sensoriales de su entorno.
Conversar sobre cómo el cansancio está influyendo en su día y acordar cambios alcanzables. El adolescente necesita participar en la búsqueda de soluciones.
Acostarse y levantarse en horarios similares ayuda a regular el reloj biológico, incluyendo los fines de semana.
Un periodo de menor actividad antes de acostarse puede incluir: iluminación más tenue, ducha tibia, música tranquila, lectura o ejercicios suaves de respiración.
Evitar pantallas al menos una hora antes del descanso. Cargar el celular fuera de la cama o, si la familia lo acuerda, fuera del dormitorio.
Dividir las actividades escolares en periodos con pausas breves puede evitar que las tareas se extiendan hasta la noche.
Los hábitos familiares también comunican. Mantener momentos de desconexión y respetar el descanso facilita que las recomendaciones sean percibidas como un cuidado compartido.
Es importante solicitar orientación profesional si el adolescente:
- Tiene dificultades persistentes para conciliar o mantener el sueño.
- Presenta somnolencia excesiva durante el día.
- Presenta cambios importantes en su estado de ánimo.
- Ve afectada significativamente su participación escolar, familiar o social.
Contenido elaborado con fines educativos. No reemplaza una evaluación ni una indicación médica individual.
