Si tu hijo explota “por cosas pequeñas” (un ruido, una etiqueta en la ropa, un cambio de plan, una comida, una fila), no siempre es “maña” o “malcrianza”. Muchas veces es desregulación sensorial: su sistema nervioso está sobrepasado y responde como puede.
En Centro Sembrando Amor (Buin / Paine) vemos esto a diario: familias agotadas, con culpa, sin saber qué más intentar. La buena noticia: cuando identificamos el patrón sensorial y de regulación, se puede intervenir con estrategias concretas y un plan terapéutico claro.
Qué es la desregulación sensorial (en simple)
La desregulación sensorial ocurre cuando el cerebro procesa los estímulos (ruidos, luces, texturas, movimiento, sabores, contacto) de forma más intensa o menos eficiente. Esto puede provocar:
- Sobre-respuesta (todo “molesta” o abruma: ruidos, ropa, gente, olores).
- Búsqueda sensorial (necesita moverse, chocar, morder, saltar para sentirse “bien”).
- Sub-respuesta (parece no registrar: se golpea fuerte, no nota suciedad, no percibe señales corporales).
El punto clave: no es un tema de voluntad. Es un tema de cómo se organiza el sistema nervioso.
Señales frecuentes de sobrecarga sensorial (en casa y colegio)
Estas son señales comunes (no es necesario que estén todas):
Auditivo
- Se tapa los oídos, evita lugares con mucha gente o se irrita con ruidos cotidianos (aspiradora, licuadora, timbre).
- Se desorganiza en eventos, patios, cumpleaños o salas ruidosas.
Táctil / ropa
- Rechaza ciertas prendas (etiquetas, costuras, jeans, calcetines) o el lavado de pelo/corte de uñas.
- No tolera el roce, empujones o “ser tocado” de sorpresa.
Vestibular (movimiento)
- Se marea fácil o, al revés, busca girar/saltar sin parar.
- Le cuesta mantenerse sentado o se “desarma” en filas y transiciones.
Oral (boca / alimentación)
- Rechaza texturas, olores o temperaturas; se angustia al probar alimentos.
- Muerde lápices/ropa o busca constantemente masticar.
Propioceptivo (fuerza / cuerpo)
- Aprieta fuerte, choca, se tira al suelo, se “cuelga” o necesita presión para calmarse.
- Le cuesta medir fuerza (rompe cosas, empuja sin intención).
Señal transversal importante: la crisis suele aparecer después (en casa), porque el niño “aguantó” en el colegio y colapsa cuando se siente seguro.
Por qué “explota por tonteras” (y por qué no conviene castigarlo)
Muchas crisis se explican por carga acumulada. El cerebro intenta sostenerse durante el día, pero cada estímulo suma (ruidos, exigencias, transiciones, hambre, sueño, frustración). Cuando la carga supera el umbral, aparece la respuesta de supervivencia:
- Lucha (gritos, oposición, golpes, rabieta).
- Huida (escapa, se esconde, no entra a la sala).
- Congelamiento (se bloquea, llora, no responde).
En ese momento, el castigo o la exigencia “a la fuerza” suele aumentar la desregulación. Lo más efectivo es bajar el nivel de estímulo, co-regular y luego enseñar (cuando el sistema nervioso está disponible).
Qué hacer hoy: 5 estrategias simples y efectivas
1) Baja estímulos antes de corregir
Primero regula, después conversas. Reduce ruido, luz, personas encima, y da un espacio de calma de 3–5 minutos.
2) Anticipa transiciones (con “puentes”)
Las transiciones son gatillo frecuente. Usa frases cortas:
- “En 2 minutos guardamos.”
- “Primero zapatos, después auto.”
- “Te muestro el paso 1.”
3) Dale al cuerpo lo que necesita (movimiento con intención)
Antes de tareas exigentes o salidas: 3–5 minutos de movimiento (empujar pared, saltos controlados, cargar algo liviano, caminar rápido). Esto ayuda a organizar.
4) Presión profunda (si la tolera)
Algunos niños regulan con presión profunda: abrazo contenedor (con permiso), manta con peso ligera (según edad), apretar cojín, “sándwich” entre almohadas. Si aumenta su molestia, se descarta.
5) Crea un “plan de salida” para crisis
Define una frase y un lugar: “Pausa” → rincón de calma / baño / lugar seguro. La clave es que el niño sepa que puede bajar intensidad sin “perder” ni ser retado.
Tip rápido: Si hay sueño irregular, hambre o pantallas justo antes de dormir, la tolerancia sensorial baja mucho. Regular sueño y rutinas suele mejorar el “umbral” en pocos días.
Cuándo consultar a Terapia Ocupacional
Te recomendamos consultar si se repite alguno de estos escenarios:
- Crisis intensas frecuentes (más de 2–3 por semana) o colapsos diarios.
- Dificultades que afectan colegio (adaptación, participación, socialización) o la vida familiar.
- Evita lugares, ropa, higiene, alimentación o actividades cotidianas por malestar.
- Hay impacto en sueño, conducta, autonomía o autoestima.
- Existe sospecha o diagnóstico de neurodivergencia (TEA, TDAH u otros) y la regulación es un desafío.
Cómo trabajamos en Centro Sembrando Amor
En Terapia Ocupacional abordamos la regulación desde una mirada integral:
- Evaluación del perfil sensorial, regulación y desempeño ocupacional (hogar/colegio).
- Plan de intervención con objetivos funcionales: transiciones, rutinas, autonomía, participación escolar, tolerancia a la frustración.
- Estrategias para familia: lenguaje, manejo de crisis, ajustes del ambiente, rutina efectiva.
- Trabajo coordinado con colegio y equipo multidisciplinario cuando se requiere.
¿Te orientamos por WhatsApp?
Si quieres, cuéntanos la edad de tu hijo/a y 2–3 situaciones que detonan crisis (ruidos, ropa, transiciones, comida, colegio). Te orientamos y te proponemos el mejor primer paso. Escríbenos al +56932274508
Preguntas frecuentes
¿Cómo sé si es desregulación sensorial o “mala conducta”?
Cuando la reacción es desproporcionada al estímulo, se repite en patrones (ruidos/ropa/transiciones) y mejora al bajar estímulos y regular el cuerpo, suele haber un componente sensorial/regulatorio.
¿Las rabietas pueden ser sensoriales?
Sí. La sobrecarga sensorial puede activar respuestas de lucha/huida. En esos momentos, el niño no “elige” la conducta: el sistema nervioso está en modo supervivencia.
¿Esto se pasa con la edad?
Puede mejorar con maduración y ajustes, pero cuando impacta la vida diaria conviene intervenir: un plan adecuado suele reducir crisis y mejorar participación.
¿Qué incluye una evaluación en Terapia Ocupacional?
Incluye entrevista familiar, observación clínica del desempeño, análisis de rutinas y gatillantes, y recomendaciones prácticas (hogar/colegio) con objetivos funcionales.
¿Cuándo se ven cambios?
Depende del perfil y la constancia, pero muchas familias notan mejoras tempranas cuando aplican ajustes ambientales y estrategias de regulación desde el inicio.
